Heridas pediátricas: los niños no son adultos pequeños
El manifiesto 2026 de la ISPeW pone por escrito algo que en la práctica se ve a diario: adaptar protocolos de adultos a los niños nos está fallando. Te platico los números que usa el documento, lo que dice sobre dispositivos, dolor y temperatura, y lo que espero cambiar en mi práctica después de leerlo.
Lo que leí
Cayó en mis manos el manifiesto que publicó en septiembre la International Society for Neonatal and Paediatric Wound Healing (ISPeW), un grupo de trabajo internacional donde hay cirujanos plásticos, neonatólogos, enfermeras especializadas en heridas, bioingenieros e ingeniería biomédica. No es un ensayo clínico ni una guía con niveles de evidencia: es un documento de posición. Y por eso mismo vale la pena leerlo, porque dice en voz alta lo que muchos vemos en la consulta y no aparece en ningún protocolo.
La frase que lo resume está en la segunda página: los niños no son adultos pequeños.
Los niños no son adultos pequeños
Suena obvio pero llevamos décadas omitiéndolo. A veces, sin querer. El documento lo llama por su nombre: durante años hemos adaptado protocolos de cuidado de heridas de adultos a pacientes pediátricos sin considerar las diferencias anatómicas, inmunológicas, metabólicas y psicosociales que caracterizan al neonato, al lactante, al niño y al adolescente. El resultado es una disciplina que ha vivido al margen, con guías extrapoladas de literatura de adultos y equipos diseñados para cuerpos que no son esos.
Y aquí viene la idea que me parece más fuerte de todo el manifiesto: la pediatría y la geriatría no son campos separados, son imágenes espejo. Los dos extremos de la vida comparten la misma vulnerabilidad biológica, con retos clínicos que se sobreponen. Los microprematuros por un lado y los ancianos frágiles por el otro son, dice el documento, los grupos que van a plantear el mayor reto en el futuro. Y lo que se está aprendiendo cuidando la piel de un prematuro extremo ya se está traduciendo a los pacientes mayores.
Quédense con esa idea, porque explica por qué este documento lo firman también geriatras e ingenieros de materiales.
La piel del neonato, en números
Aquí es donde el manifiesto deja de ser filosofía y se vuelve útil para la consulta. Los datos que reúne:
- El complejo dermo-epidérmico de un recién nacido de término mide 2 mm. En un adulto es varias veces eso.
- La red capilar es menos densa y el aporte de oxígeno a la piel, menor.
- Hay menos capas de estrato córneo y menos ceramidas, que es justo la parte de la barrera que retiene el agua.
- El colágeno neonatal es menos denso y menos organizado, con mayor proporción de colágeno tipo III y menor de tipo I respecto al adulto.
- El colágeno tipo VII, que forma las fibrillas de anclaje de la unión dermo-epidérmica, es crítico aquí: si el anclaje falla, la piel se despega con la fricción.

Traducido a la cama del paciente: su piel tolera peor la presión, la fricción, la humedad y el trauma por adhesivo. Y no es solo una barrera física. El documento insiste en algo que en la práctica se subestima: la piel neonatal es una interfaz inmunológica dinámica, donde el microbioma cumple un papel central en la defensa del huésped y en la maduración del sistema inmune. No estamos cuidando una capa: estamos cuidando un órgano inmunológicamente activo en plena construcción.
La lesión que causamos nosotros
Este es el bloque que más me incomodó, y en el buen sentido. El manifiesto le llama una epidemia evitable: las lesiones por presión asociadas a dispositivos médicos.

Piensen en todo lo que le ponemos encima a un bebé que está en terapia intensiva: dispositivos o mascarillas de CPAP, puntas nasales, sujeción de traqueostomía, collarines o dispositivos cervicales, sensores de oximetría, accesos vasculares, yesos, férulas, cables, sistemas de inmovilización. Cada uno de esos dispositivos es necesario, es algo funcional que le aporta valor al cuidado del paciente, y cada interfaz entre el dispositivo y la piel es un punto donde la presión, la cizalla y la fricción trabajan en contra.
En un adulto la mayoría de esos dispositivos se tolera. En un neonato no, por dos razones anatómicas que el documento subraya: el occipucio prominente, es decir, la prominencia anatómica que corresponde al tejido occipital y un tejido subcutáneo más blando, eso amplifica las fuerzas, de manera que un electrodo, un cable o un tubo pueden producir una lesión real. Las lesiones occipitales son, de hecho, de las más frecuentes en las unidades de cuidados intensivos neonatales, porque el bebé pasa horas en decúbito supino sobre una piel que todavía no madura.

Un matiz que quiero dejar claro: en el neonato la lesión no depende únicamente del tejido celular subcutáneo. También pesa que su piel no ha completado el ciclo de queratinización, y eso deja un estrato córneo mucho más delgado, con menos resistencia a la presión, la fricción y el adhesivo. Medido en vivo, el estrato córneo del lactante resulta 30% más delgado que el de un adulto y sus corneocitos 20% más pequeños, con un recambio celular más rápido.
Y ahí aparece el daño que no se recupera. Si la presión destruye cartílago hialino de la nariz o de la oreja, el resultado es permanente y desfigurante, con consecuencias funcionales y psicológicas que acompañan al niño el resto de su vida. El manifiesto lo dice sin adornos: los cartílagos faciales no se regeneran.
¿Qué propone para prevenirlo? Varias cosas concretas:
- Estrategia de doble protección para el occipucio: una interfase blanda de silicón que redistribuye la presión, más un apósito protector o una espuma multicapa delgada entre la piel y la superficie de apoyo.
- Nada de dispositivos heredados del adulto. El documento rechaza de forma explícita los cojines en forma de dona y los rollos de plástico, hule o poliuretano que usamos en adultos.
- Superficies de apoyo fluidizadas, con microesferas de polímero y aceite de baja viscosidad, que se moldean al paciente y permiten sacar cables, catéteres y líneas de infusión hacia afuera, donde se ven. Ese detalle me pareció brillante: el dispositivo deja de estar escondido debajo del bebé.
- Biomecánica antes del daño. Propone modelado computacional y simuladores pediátricos, los llama pacientes robóticos, para detectar riesgos biomecánicos antes de que ocurra la lesión y diseñar dispositivos para la anatomía del niño en lugar de encoger soluciones de adulto.
Hipotermia: el daño que no se ve
Hay un capítulo que casi nunca aparece en las discusiones de heridas y que el manifiesto coloca como causa mayor y prevenible de daño cutáneo en neonatos: la hipotermia perioperatoria.
El mecanismo es directo. El frío produce vasoconstricción periférica y reduce la perfusión de una piel que ya venía con menos red capilar. Si además la barrera está inmadura, la pérdida de calor por evaporación aumenta. El documento pide considerar igual de importantes tres mecanismos de daño cutáneo: la vasoconstricción periférica, la falla de la barrera y las lesiones por presión y por frío.
Las medidas que recomienda son concretas: temperatura de quirófano adaptada al neonato, monitoreo continuo de temperatura central y periférica con sondas cutáneas calibradas y sensores esofágicos o rectales durante la anestesia, incubadoras precalentadas para el traslado, líquidos y hemoderivados calentados, gases anestésicos humidificados, incubadoras servo-controladas, cunas radiantes con control por retroalimentación de la piel y colchones térmicos conductivos.
Suena a lista de terapia intensiva, y lo es. Pero el fondo del asunto aplica a cualquier servicio: la temperatura es parte del cuidado de la piel, no un tema exclusivo del anestesiólogo.
Dolor y familia: obligación ética antes que decisión técnica
Este es el párrafo que me gustaría que leyeran los que siguen eligiendo apósitos por precio. El manifiesto afirma que el cuidado atraumático, la selección de materiales suaves, las interfaces de silicón, la fijación gentil y las estrategias para reducir el dolor son una obligación ética antes que una decisión técnica.
Y explica por qué el dolor importa más allá de la molestia. Cada cambio de apósito, cada retiro de adhesivo, cada limpieza y cada movilización puede convertirse en una experiencia traumática que influye en el desarrollo psicológico del niño y en su relación futura con el sistema de salud. El dolor en niños, dice el documento, se subestima, se evalúa mal y se comunica poco, por la edad, el miedo o la etapa de desarrollo.
Hay un dato que me pareció el más incómodo de todo el texto: 65.1% de las unidades neonatales reportan que el manejo del dolor administrado por los padres ya es rutina, pero solo 40% lo tiene escrito en sus guías clínicas. Dicho de otro modo, la práctica va por delante de la norma escrita.
Y no es un tema fácil o de buenas intenciones. El manifiesto describe el mecanismo: las intervenciones mediadas por el cuidador modulan el procesamiento nociceptivo inducido por estrés, porque atenúan la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y la descarga simpática. El resultado medible es más estabilidad autonómica, menos expresión conductual de dolor y mejor regulación de la díada padre e hijo. Poner a los padres como agentes activos del manejo del dolor, dentro y fuera del hospital, es parte del modelo de neuroprotección del desarrollo.
Lo que falta: equidad, registros y el papel de la IA
Tres huecos que el documento nombra sin dudarlo:
Uno: no sabemos cuántas lesiones hay. Las lesiones por presión, las asociadas a dispositivos, las heridas quirúrgicas, las quemaduras, los traumatismos y los trastornos congénitos de la piel contribuyen de forma importante a la morbilidad, al dolor, a la estancia hospitalaria y al costo. Pero la escala real no se conoce, porque hay pocos sistemas de vigilancia, reporte inconsistente y ausencia de registros. El dato que da contexto: el bajo peso al nacer y la gestación corta siguen siendo el cuarto contribuyente de nivel 3 más importante a los años de vida ajustados por discapacidad en todas las edades.
Dos: la brecha de los países de ingreso medio y bajo. Ahí el manejo pediátrico de heridas ocurre con recursos limitados, infraestructura insuficiente, pocos apósitos avanzados, personal capacitado escaso y, en zonas de conflicto armado, en condiciones que no quiero ni imaginar. El manifiesto es tajante: en esos entornos, educar a las familias, a los trabajadores comunitarios y a los cuidadores locales importa tanto como introducir tecnología.
Tres: la inteligencia artificial como oportunidad de democratizar. El documento la mira como una de las oportunidades más revolucionarias, con un enfoque que me gustó: reconocimiento temprano de la herida, clasificación de tejido, estratificación de riesgo, predicción de complicaciones infecciosas y apoyo en la selección de apósitos. En entornos remotos, una tecnología de IA en el teléfono puede permitir que personal con poca formación obtenga valoraciones respaldadas por expertos. Con una condición explícita: la IA aumenta al clínico, no lo reemplaza. No por que utilicemos "tecnología" podemos caer en la negligencia.
Qué me llevo a la consulta
De todo el documento, estas son las cosas que voy a reforzar en mi práctica:
- Mirar los dispositivos, no solo la herida. En cada valoración pediátrica voy a revisar cada interfaz: la sonda, el cable, la fijación, el borde de la mascarilla. La lesión no siempre viene de la enfermedad.
- Adhesivo fuera cuando se pueda. El manifiesto es claro: fijación sin adhesivo, capas de contacto de silicón, apósitos de silicón suave. Si vamos a retirar algo, que no arranque piel.
- La temperatura como signo vital de la piel. Si el paciente está frío, la piel está mal perfundida. Eso no es un detalle relevante solo en el quirófano y es una estrategia que me permite "cuidar mejor" a pie de cama.
- Los papás en el centro de la ecuación. Explicarles que su voz, su contacto y su presencia son parte del tratamiento analgésico, no un extra emocional.
- Registrar. Lo que no está escrito, no se puede mejorar. Hay que registrar y reportar. Si el problema de fondo es que no sabemos cuántas lesiones hay, cada uno puede aportar a la cuenta desde su servicio.
El documento cierra con una frase que le voy a robar: no estamos curando heridas, estamos formando futuros. Cada herida en un niño excede la piel, porque toca su crecimiento, su seguridad emocional, la estabilidad de su familia, su imagen corporal, su escuela y su inclusión social.
Referencias
- Ciprandi G, Amaya R, Barrantes Alfaro J, et al. Paediatric wound healing: a global culture of prevention, innovation and humanised care: 2026 ISPeW manifesto. J Wound Care 2026;35(9):811-818. doi:10.12968/jowc.2026.0365
- de Bengy AF, Lamartine J, Sigaudo-Roussel D, Fromy B. Newborn and elderly skin: two fragile skins at higher risk for pressure injury. Biol Rev Camb Philos Soc 2022;97(3):874-895
- Stamatas GN, Nikolovski J, Luedtke MA, Kollias N, Wiegand BC. Infant skin microstructure assessed in vivo differs from adult skin in organization and at the cellular level. Pediatr Dermatol 2010;27(2):125-131
- Gefen A, Alves P, Ciprandi G, et al. Device-related pressure ulcers: SECURE prevention. Second edition. J Wound Care 2022;31(Sup3a):S1-S72
- Boyar V. Pressure injuries of the nose and columella in preterm neonates receiving noninvasive ventilation via a specialized nasal cannula. J Wound Ostomy Continence Nurs 2020;47(2):111-116
- Zores C, Zana-Taïeb E, Caeymaex L, et al. French Neonatal Society issues recommendations on preventing nasal injuries in preterm newborn infants during non-invasive respiratory support. Acta Paediatr 2023;112(9):1849-1859
- Higer S, James T. Interface pressure mapping pilot study to select surfaces that effectively redistribute pediatric occipital pressure. J Tissue Viability 2016;25(1):41-49
- Ullsten A, Beken S, Campbell-Yeo M, et al. Parents in neonatal pain management: an international survey of parent-delivered interventions and parental pain assessment. Children (Basel) 2024;11(9):1105
- Nicolosi B, Neri E, Fioravanti L, et al. Predictive performance of the device-neonatal skin risk assessment scale to evaluating pressure injuries risk in the neonates. J Clin Nurs 2026;35(1):242-254
- Balaguer López E, Mora Morillo IM, Buck Sainz-Rozas P, et al. Prevalence and risk factors of dependence-related skin lesions in neonatal units: a multicentre study across Spanish hospitals. J Tissue Viability 2025;34(4):100945
- Ayello EA, Sibbald RG. Awareness. Adv Skin Wound Care 2025;38(10):508